Cosas que no me gustan – #1 El protocolo

Lo que no me gusta del protocolo:

Cartas protocolarias

Saludos protocolarios

Normas protocolarias

Respuestas protocolarias

Reuniones protocolarias

Fotos protocolarias

Conversaciones protocolarias

Mentiras protocolarias

Amistades protocolarias

Sonrisas protocolarias

Silencios protocolarios

Miradas protocolarias

….y como si  fuera poco: Besos protocolarios

 

¿Es acaso el protocolo un sinónimo disimulado de la hipocresía?

París, me cansé de ti

¿Sabes qué Paris? ¡Me cansé de ti! De que siempre que vengo me enredes la cabeza y nubles mis pensamientos.

Me cansé de las historias a medias, de los amores platónicos, de los besos que se quedaron un poquito más abajo de la mejilla, pero que no tuvieron la osadía de descender hasta la boca.

Me cansé de los saludos protocolarios que convierten en un simple “buenos días” en lo que pudo ser una agradable conversación sincera y espontánea, de esas en las que caen las máscaras y se deja brillar el alma.

Me cansé de los intelectuales que se sonrojan cuando saludan,  y te dejan sin saber si es solo timidez, falta de interés o una notable carencia de habilidades sociales.

Paris, vos sos y seguirás siendo la meca del romanticismo, pero tengo que decirte que estoy cansada de que cada vez que vengo a verte uses tus artimañas para enredarme la cabeza y llenarme de falsas esperanzas.

Tú te empeñas en intensificar mi sensibilidad y agudizar mis sentidos.  Te da por salir con tu look más romántico y bohemio, eres capaz incluso de tornar un gris día de otoño en una soleada tarde de verano… ¿Qué te crees?

Al otro lado del Atlántico

Dos meses que parecen seis, un frío despiadado que se cala en el alma, un café que no sabe como en casa, libros que muestran duras verdades históricas que aún no termino de asimilar, días nublados que multiplican la incertidumbre y un puerto que me recuerda que más allá del horizonte está el Atlántico, ese gran universo azul que con su duplicidad me une y me separa de los míos.

Perú: colores y magia

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Cada viaje tiene sus particularidades… algunos vienen acompañados de los colores del otoño y la nostalgia del viejo mundo, otros llegan de relámpago y te embarcan en una aventura por tierras que antes fueron habitadas por sabios, te transportan a civilizaciones que dejaron un legado inmensurable, hacen que tus pies suban a las más altas montañas para contemplar antiguos senderos incas, te permiten recargarte de energía, te sumergen en un lago que une a dos países, te llevan a descubrir sabores exquisitos, a enamorarte de curiosas artesanías y deslumbrarte con su explosiva mezcla de colores. ¡PASCHI PERÚ!

Ella: La despiadada

Tristeza

Ella se esconde sigilosamente en los rincones, debajo del arrume de carpetas en mi escritorio, se encierra en la parte trasera del armario junto a los vestidos que tanto me gustan. A ella le fascina atacar en las mañanas o cuando ya se está poniendo el sol. Es tan astuta que hasta se mete en mis canciones favoritas y consigue que mis ojos se inunden de recuerdos. ¡Ella no tiene compasión!

Cuando se pone cruel me mira de frente y me susurra intensamente historias felices que hoy me hacen llorar, ella posee el arte de borrarme la sonrisa y esculpir mis noches de insomnio; de vez en cuando se pone misericordiosa y me deja tranquila mientras leo un libro o salgo de fiesta con algunos amigos.

Al sentarse en su papel de sádica me hace recordar una a una las más duras verdades, las despedidas dolorosas, los fracasos, los miedos y hasta los traumas olvidados en la infancia. Ella es tan insoportable que me interrumpe para que pierda la concentración y no siga escribiendo estas líneas. A veces una vasta dosis de chocolate la ahuyenta por un rato, pero las tardes lluviosas y los sábados solitarios la hacen salir con su traje de gala y su gran bote de pintura para llenar todo de gris.

Ella y yo nunca hablamos, pero sabe que quisiera prescindir de su presencia, aunque comprendo que siempre va a estar ahí. Suele irse de vacaciones algunas veces, pero tiene la capacidad de encontrarme a donde vaya; ella no necesita tiquetes de avión o permisos para cruzar el océano, su boleto de entrada se llama Fin de la felicidad…. Y tú ya sabes qué ocurre cuando se termina aquello que denominamos “felicidad».

Cómo sobrellevar las barreras idiomáticas al salir de viaje

Cuando nos vamos de vacaciones o decidimos pasar una temporada en otro país uno de los principales obstáculos que encontramos son las barreras idiomáticas. Para evitar contratiempos es bueno que tengas en cuenta las siguientes recomendaciones:

Descarga una aplicación de traducción

Existen gran variedad de aplicaciones que cumplen esta función. Antes de irte verifica cuál se ajusta más a tus necesidades, instálala y pruébala. La de Google es muy práctica, además de las funciones básicas, esta te permite visualizar letreros o vallas con tu cámara y traducirlos inmediatamente al idioma que desees.

Lleva un diccionario de bolsillo

Estos diccionarios no ocupan mucho espacio y generalmente cuentan con el vocabulario básico que requiere un turista y además vienen acompañados de frases comunes que pueden ser de gran utilidad. Tener este pequeño libro en la maleta es una buena opción para aquellos que viajan a lugares donde la conectividad no siempre es estable.

Realiza una búsqueda previa a tu viaje

Antes de viajar puedes buscar en internet o en libros información respecto a las costumbres, comidas típicas, gestos y maneras básicas de preguntar. Ten en cuenta que un idioma también está ligado a sus gestos, así es importante conocer que significan algunos de ellos.

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Deja la timidez a un lado

No temas acercarte a la gente para preguntarle, es mejor sonrojarse unos minutos que dar vueltas por horas sin encontrar el rumbo o perder dinero por no comprender alguna situación. Si con las frases del diccionario o de las aplicaciones no es suficiente para expresar lo que deseas, ¡no te limites! Señala, haz figuras con las manos o gestos con el rostro, recuerda que eres un turista y no tienes porque avergonzarte.

Así que no te preocupes por las barreras idiomáticas, prepara con antelación tu viaje y sal descubrir nuevas culturas, muy probablemente te sorprenderán.

Carta de otoño

París, octubre 14 de 2016

Fue raro ver París sin ti, no porque no sea una ciudad deslumbrante que tiene el poder de quitarte el aliento a cada paso, no porque no fuese una hermosa noche de lluvia en la que las luces se fundían en el agua, Solo que París sin ti no es la misma ciudad que conocí, sigue siendo hermosa, pero le falta algo…

Después de salir de una expo de Magritte empecé a caminar sin rumbo, como de costumbre. Al inicio estaba animada de pasear en medio de la lluvia, pero luego entendí que ver París sin ti es poco extraño. Créeme que nuestras largas caminatas el otoño pasado me hicieron ver esta ciudad con otros ojos, me hicieron sentir completa. Hoy estaba feliz al merodear por las pequeñas callecitas empedradas mojadas por lluvia, pero fue extraño, pensaba que al igual que en Rayuela nos íbamos a encontrar de causalidad en algún rincón de París, de hecho por azares de la noche terminé llegando a Les Halles, cuando empecé a bajar las escalas para tomar el metro recordé que allí era a donde ibas a cine los viernes….hoy es viernes. Sentí temor y un poco de ansiedad de pensar que tu sonrisa tímida iba a aparecer entre la gente y a que tal vez se cruzaría un “hola”, tuve una pequeña esperanza que duró hasta que llegó el tren y recordé que debía irme de allí.

No sé si algún día te vuelva a ver, pero creo que recordaré nuestra corta historia contada en muchos pasos y en un viernes 13 lleno de horror y adrenalina. Me encantó coincidir contigo en esta ciudad.

M.C

* Esta es una carta que se escribió para nunca entregarse.

El país que sueño, no el que me toca

Paisaje cafetero

Soy Colombiana, he vivido sin que me falte nada, he tenido acceso a la educación, he participación en espacios culturales, aprendido otros idiomas y sólo he sido afectada marginalmente por las consecuencias de la guerra, sin embargo soy consciente de que aunque muchos viven bien en este país, hay colombianos que día a día se ven afectados por las desigualdades y la inseguridad.

No quiero escuchar más la frase: “no se lamente, este país es en el que nació y debe acostumbrarse a vivir así”. Me niego a creer que la costumbre sea una buena aliada para construir un futuro mejor en cualquier país, no quiero seguir sintiendo miedo de expresarme, ni de salir; no deseo tener que dejar de presenciar una buena obra de teatro o de disfrutar de una velada entre amigos en un bar, sólo porque dicen que es mejor no ir al centro de la ciudad en la noche o que si voy a cualquier lugar debo ser precavida, ¿desde cuándo nos acostumbramos a vivir con precauciones y olvidamos que supuestamente somos seres libres?

Si todas las persona tuviesen la autonomía de elegir aquello en lo que desean desempeñarse y la posibilidad de potenciar sus cualidades, sin ser limitados por la falta de oportunidades en su entorno y la percepción que se tiene en algunas clases sociales sobre el futuro en el sector cultural, tendríamos más personas construyendo país desde la gestión cultural y menos desde el conflicto.

Pocas actividades potencian las cualidades de las personas mejor que aquellas que son producto de las manifestaciones culturales de una nación y espontaneas a cada ser humano; Colombia es un país que cuenta con un gran potencial en este tema. Sé que con obras teatrales, festivales musicales, apoyo a jóvenes artistas, diseminación de las tradiciones indígenas autóctonas, entre otras, no se va a acabar súbitamente la guerra en el país; pero si creo firmemente que si cada uno de los ciudadanos, sin importar su clase social, creyesen en el poder que tiene la cultura para cambiar eso que tanto los entristece y para vivir en el país que sueñan, se lograrían grandes cosas; ya que Colombia es un país con infinidad de riquezas naturales, humanas y culturales, que cuenta con más de 180 ritmos folclóricos, 102 etnias indígenas y gran variedad de fiestas típicas regionales. Aunque en la noticias de afuera resalten los malos actos de una minoría que desestabiliza a más de 46 millones de personas que son honradas, trabajadoras, solidarias y que quieren que las cosas cambien.

Es posible empezar a sanar las heridas del conflicto y la desigualdad, llevando esas cosas buenas que nos hacen llamarnos Colombianos a cada rincón del país, recuperando las tradiciones de nuestros ancestros, inculcándoles a las nuevas generaciones hábitos de lectura, de escucha ante las historias de los mayores, de disfrute de las artes y sobretodo de construcción de realidades, sin discriminación de clase ni de género.

Estoy convencida de que en mis manos está el poder de construir el país que sueño y que aunque otros digan que eso suena algo idealista, es posible si continúo participando y promoviendo las actividades y nuevas iniciativas culturales de mi entorno inmediato, de la mano de aquellas organizaciones y personas que trabajan activamente por el tema y que han hecho grandes avances en este país, recuperando tradiciones e impulsando diversas disciplinas artísticas. Soy Colombiana, estoy orgullosa de serlo y no quiero vivir en el país que me toca, quiero vivir en el país que sueño.

Rincones encantados de New York City

¿Te vas de vacaciones a la ciudad que nunca duerme? Aquí encontrarás algunos lugares encantadores para visitar que no son la famosa Estatua de la libertad ni el concurrido Times Square.

Para algunos esta ciudad esta cargada de romanticismo, para otros es un universo de posibilidades y el lugar donde convergen muchas de las culturas del mundo.

Seguramente ya tendrás el listado de los sitios típicos para visitar, sin embargo yo quiero recomendarte ciertos lugares que lograrán deslumbrarte con su encanto y particularidades:

The New York Public Library y Bryan Park

Me imagino que en tus vacaciones tal vez no querrás encerrarte en una biblioteca, pero te aseguro que esta es más que una biblioteca común, es un lugar que respira historia.  Cuando entres asegúrate de mirar hacia arriba y sube con calma las escaleras.

Justo a unos pasos de la biblioteca encontrarás uno de mis lugares favoritos en New York, el Bryan Park. En verano podrás recostarte en la hierba, hacer yoga y hasta asistir a festivales de cine al aire libre, en invierno podrás patinar sobre hielo o comprar souvenirs en el mercadillo de navidad.

The River side park

Aquí encontrarás unas de las vistas más románticas del río Hudson, podrás alejarte un rato del acelerado ritmo de la ciudad para contemplar este magnífico paisaje.

Puedes tomar la línea roja del metro y bajarte en la calle 72, estarás a solo dos bloques del parque. Si vas acompañado, te aseguro que es un buen lugar para robar beso, hablar de planes de futuro o simplemente tomarse de la mano y contemplar en silencio la magia de este corredor de NY.

The High line park

¿Te imaginas poder visitar un parque lineal construido en las antiguas vías de un tren? Pues en New York puedes hacerlo.

Este parque además de ser un excelente espacio para sentarse un rato a leer un libro, también es un buen mirador la ciudad.

The Brooklyn Bridge Park

El puente de Brooklyn es una estructura hermosa y la vista desde allí te permitirá tomar unas buenas fotos de la ciudad, sin embargo al bajar hay una gran recompensa. Justo debajo de este famoso puente crearon un parque a orillas de East River. Allí podrás apreciar las majestuosidad de los edificios y ver a lo lejos la estatua de la libertad. Si vas en verano te recomiendo que camines un poco por el lugar y visites una pizzería que está al lado de una cancha de vóley ball en Pier 6, se llama Fornino. Allí podrás tomarte una cerveza  o vino con un buen trozo de pizza y lo mejor es que tendrás una vista privilegiada de Manhattan.

Espero que descubras estos y muchos otros rincones maravillosos de New York. Mantén todos tus sentidos bien abiertos, porque te aseguro esta ciudad tiene mucho con que sorprenderte.