Ella: La despiadada

Tristeza

Ella se esconde sigilosamente en los rincones, debajo del arrume de carpetas en mi escritorio, se encierra en la parte trasera del armario junto a los vestidos que tanto me gustan. A ella le fascina atacar en las mañanas o cuando ya se está poniendo el sol. Es tan astuta que hasta se mete en mis canciones favoritas y consigue que mis ojos se inunden de recuerdos. ¡Ella no tiene compasión!

Cuando se pone cruel me mira de frente y me susurra intensamente historias felices que hoy me hacen llorar, ella posee el arte de borrarme la sonrisa y esculpir mis noches de insomnio; de vez en cuando se pone misericordiosa y me deja tranquila mientras leo un libro o salgo de fiesta con algunos amigos.

Al sentarse en su papel de sádica me hace recordar una a una las más duras verdades, las despedidas dolorosas, los fracasos, los miedos y hasta los traumas olvidados en la infancia. Ella es tan insoportable que me interrumpe para que pierda la concentración y no siga escribiendo estas líneas. A veces una vasta dosis de chocolate la ahuyenta por un rato, pero las tardes lluviosas y los sábados solitarios la hacen salir con su traje de gala y su gran bote de pintura para llenar todo de gris.

Ella y yo nunca hablamos, pero sabe que quisiera prescindir de su presencia, aunque comprendo que siempre va a estar ahí. Suele irse de vacaciones algunas veces, pero tiene la capacidad de encontrarme a donde vaya; ella no necesita tiquetes de avión o permisos para cruzar el océano, su boleto de entrada se llama Fin de la felicidad…. Y tú ya sabes qué ocurre cuando se termina aquello que denominamos “felicidad».

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