Nostalgia de calles empedradas, de atardeceres entre hojas secas, de Australian bar los lunes, de mónacos el fin de semana y chocolates Lindt en domingos fríos con películas románticas.
Nostalgia de edificios viejos, de noches de desvelo interminable, de tiendas encantadas, de pan con chocolate, de trenes de flores y vinos de mil sabores.
Nostalgia del ayer que se fue hace «mucho» y anhelo del mañana que corre presuroso.